Leccio Divina Imprimir
Escrito por Administrator   
Domingo 20 de Enero de 2013 19:32

La parabola del Hijo prodigo

 En estas páginas presento de una manera sencilla una lectura narrativa de la parábola del «Hijo pródigo» adaptándola a la Lectio Divina y a los «puntos» que propone san Ignacio en las meditaciones de los Ejercicios Espirituales.

Los tiempos que estructuran la Lectio Divina –lectio, meditatio, oratio y contemplatio– pueden equipararse con bastante similitud a los «puntos» de la oración de los Ejercicios Espirituales (EE). En sus «meditaciones», Ignacio invita al ejercitante a aplicar la memoria, el entendimiento y la voluntad a cada materia de oración. Se trata siempre de recordar la materia, como en la lectio, de mover el entendimiento para comprenderla, como en la meditatio, y de aplicar la voluntad para mover el afecto, como en la oratio y la contemplatio. En las «contemplaciones», Ignacio usa otra terminología, pero el método es el mismo. Después de hacer la oración preparatoria (cf. EE 46) y «recordar» la materia que va a contemplar, el ejercitante tiene que «ver» la escena, «escuchar» lo que se dice y «mirar» de cerca, como con ojos interiores, todo lo que ha visto y escuchado. Ignacio quiere que aprendamos a orar, no a repetir meticulosamente cada «punto» de su método. Es lo mismo que estudiar un nuevo idioma: se aprende cuál es el sujeto, el verbo y el complemento de la frase. Pero, una vez aprendido el nuevo idioma, no se piensa continuamente en dónde colocar el sujeto, ni en el tiempo verbal que requiere la frase, ni en qué clase de complemento hay que usar. Así sucede también en la oración. Como la gramática sirve para aprender a hablar correctamente, se sigue el método de oración para aprender a orar. Y como en el aprendizaje de un idioma, la mejor manera de aprender es la práctica. El que ha aprendido con la práctica un método de oración reza espontáneamente, como habla libremente quien ha aprendido con la práctica un nuevo idioma. Y así como el que ha aprendido un nuevo idioma puede continuar profundizando el idioma (su estructura, sus semejanzas y dependencias respecto de otros idiomas), así también quien ha aprendido a orar continúa siguiendo cursos de oración para lograr una mayor intimidad con el Señor.

 Comentario biblico sobre la parábola 

Lucas presenta de una manera muy concisa la parábola del «hijo pródigo», hoy llamada del «padre misericordioso»: «Un hombre tenia dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde”. Y él les repartió la hacienda» (Lc 15,11-12). El narrador no nos dice los motivos de la petición del hijo menor. ¿Por qué quiere la parte de la hacienda que le corresponde?

¿Por qué quiere lo «suyo»? ¿Por qué no puede seguir compartiendo la abundancia que encuentra en la casa del padre? No lo sabemos.

Pero intuimos que una posible razón podría estar en su relación con el padre, o bien con el hermano mayor. Consintiendo a la petición del hijo menor, el padre no sólo le da lo que le corresponde, sino que «les repartió la hacienda»; o, como dice el texto griego, «repartió entre ellos la vida». La hacienda que el padre reparte es su misma vida.  

Es interesante esta reflexion.

Nosostros los espectadores, en este momento de la parabola nos tenemos que decantar por uno o por otro de los hijos. ¿somos el hijo que quiere salir de la casa del padre?¿qué pretendemos nosotros con querer tener mas libertad? ¿entendemos la libertad como no ser dependiente del Padre?.