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La alegría según Francisco
Escrito por Administrator   
Miércoles 13 de Enero de 2016 08:47

La alegría 

 

 
Homilia sobre el bautismo del Señor
Escrito por Administrator   
Lunes 11 de Enero de 2016 10:54

Bautismo del Señor

sábado, 2 de enero de 2016

23:10

Reunirnos como un sola Iglesia. Celebramos la eucaristía en el contexto del año santo de la Misericordia. No podemos desvincular esta eucaristía de este año.

Significa. Para nosotros:

Algunos elementos desvirtuan esta fiesta.

Jesucristo se solidariza con la humanidad. Comparte con el hombre todo, menos el pecado.

Asociado al hombre para poderlo rescatar del pecado, muchos hermanos mantienen el interés en cosas que no son necesarias

El bautismo cuando uno es mayor. No tiene nada que ver, la tradición marcaba la circuncisión como la iniciación de los niños. A los ocho dias de nacer, es precisamente la entrada en un pueblo, la solidaridad con un pueblo. Para nosotros la circuncisión es semejante al bautismo la introducción en una nueva vida, Dios se complace en su hijo. El que va a realizar el proyecto que Dios tiene para la humanidad.

 

Recibimos todo lo que la Iglesia nos da. La que nos ayuda a crecer a madurar en nuestra vida cristiana. Aviva en nosotros nuestro propio bautismo. Como estamos viviendo nuestro propio bautismo. Ese momento tan hermoso cuando el sacerdote nos introduce para ser parte de la vida de los hijos de Dios. El momento en que se unge el pecho de los catecúmenos. Significando el inicio de la vida cristiana, la vida de gracia.

Jesus crece en estatura, en sabiduria y en gracia. Vamos creciendo poco a poco en el conocimiento de Dios, en el conocimiento de la Iglesia. El sacerdote por la gracia del sacramento pronuncia su nombre utilizando la formula de la Iglesia: Yo te bautizo…. Es una vida inmersa en la trinidad, en el misterio : nos toma, se apodera de todos nosotros y de todo nuestro ser. Ser con el una misma realidad, nos acompaña como Padre, nos da su Espiritu. Se pronuncian esas palabras maravillosas, el cielo se abre… Este es mi hijo amado. Tambien Dios se complace en nosotros, nosotros somos su hijo amado.

La crismación: nos inserta en la vida del cristiano: SACERDOTE, PROFETA Y REY

 

Sacerdote: acontecimiento diario.

Profetas. Tarea que tiene que realizar el cristiano .llevar a los hombres la palabra de Dios, anunciar a Jesucristo en todas las tareas de la vida, tambien denunciamos  todo lo negativo , lo que nos separa del camino de Dios.

Rey: el hijo es heredero del Reino. El Hijo es tambien dueño de sus pasiones, de sus tentaciones, en definitiva, es Rey de su vida. Heredamos la vida de Gracias, la vida de fe, todo lo que nuestro Padre nos da.

 

Finalmente nos declara como hijos de Dios, como agradecimiento de la vida divina, nos entrega la luz, nuestros padres y padrinos se comprometieron delante de Dios y delante de la Iglesia. La luz es la fe, el simbolo que rompe la oscuridad, rompe las tinieblas.

 

Nuestros padres y padrinos no asumen los compromisos que adquirieron en el bautismo. Se desentienden de los hijos y de lo ahijados despues del bautismo. Es una realidad que tenemos que tener hoy en cuenta, y denunciar: los padres y padrinos muchas veces no se preocupan del hijo y del ahijado.

 

 

Dios nos bendiga. Amen .

Última actualización el Lunes 11 de Enero de 2016 10:55
 
El Bautismo del Señor
Escrito por Administrator   
Viernes 08 de Enero de 2016 18:38

Adviento - Navidad


Contemplar el rostro de la misericordia

Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret... Quien lo ve a él ve al Padre (cf. Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios.
Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación.
Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por esto que he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes.
En efecto, abriré la Puerta Santa en el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II. La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento.
Los Padres reunidos en el Concilio habían percibido intensamente, como un verdadero soplo del Espíritu, la exigencia de hablar de Dios a los hombres de su tiempo en un modo más comprensible. Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Una nueva etapa en la evangelización de siempre. Un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe. La Iglesia sentía la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre.
El Espíritu Santo, que conduce los pasos de los creyentes para que cooperen en la obra de salvación realizada por Cristo, sea guía y apoyo del Pueblo de Dios para ayudarlo a contemplar el rostro de la misericordia.

Francisco, Misericordiae Vultus 1-4 
Bula de convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia


  
 
  

Bautismo del Señor - C
(Lucas 3,15-16.21.22)

10 de enero 2016
José Antonio Pagola

 
 

NUEVA ESPIRITUALIDAD

José Antonio Pagola

«Espiritualidad» es una palabra desafortunada. Para muchos solo puede significar algo inútil, alejado de la vida real. ¿Para qué puede servir? Lo que interesa es lo concreto y práctico, lo material, no lo espiritual.

Sin embargo, el «espíritu» de una persona es algo valorado en la sociedad moderna, pues indica lo más hondo y decisivo de su vida: la pasión que la anima, su inspiración última, lo que contagia a los demás, lo que esa persona va poniendo en el mundo.

El espíritu alienta nuestros proyectos y compromisos, configura nuestro horizonte de valores y nuestra esperanza. Según sea nuestro espíritu, así será nuestra espiritualidad. Y así será también nuestra religión y nuestra vida entera.

Los textos que nos han dejado los primeros cristianos nos muestran que viven su fe en Jesucristo como un fuerte «movimiento espiritual». Se sienten habitados por el Espíritu de Jesús. Solo es cristiano quien ha sido bautizado con ese Espíritu. «El que no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece». Animados por ese Espíritu, lo viven todo de manera nueva.

Lo primero que cambia radicalmente es su experiencia de Dios. No viven ya con «espíritu de esclavos», agobiados por el miedo a Dios, sino con «espíritu de hijos» que se sienten amados de manera incondicional y sin límites por un Padre. El Espíritu de Jesús les hace gritar en el fondo de su corazón: ¡Abbá, Padre! Esta experiencia es lo primero que todos deberían encontrar en las comunidades de Jesús.

Cambia también su manera de vivir la religión. Ya no se sienten «prisioneros de la ley», las normas y los preceptos, sino liberados por el amor. Ahora conocen lo que es vivir con «un espíritu nuevo», escuchando la llamada del amor y no con «la letra vieja», ocupados en cumplir obligaciones religiosas. Este es el clima que entre todos hemos de cuidar y promover en las comunidades cristianas, si queremos vivir como Jesús.

Descubren también el verdadero contenido del culto a Dios. Lo que agrada al Padre no son los ritos vacíos de amor, sino que vivamos «en espíritu y en verdad». Esa vida vivida con el espíritu de Jesús y la verdad de su evangelio es para los cristianos su auténtico «culto espiritual».

No hemos de olvidar lo que Pablo de Tarso decía a sus comunidades: «No apaguéis el Espíritu». Una iglesia apagada, vacía del espíritu de Cristo, no puede vivir ni comunicar su verdadera Novedad. No puede saborear ni contagiar su Buena Noticia. Cuidar la espiritualidad cristiana es reavivar nuestra religión.


  
 
 
    
 
 

NUOVA SPIRITUALITÀ

José Antonio Pagola. Traduzzione: Mercedes Cerezo

«Spiritualità» è una parola sfortunata. Per molti può solo significare qualcosa di inutile, lontano dalla vita reale. A che può servire? Quel che interessa è il concreto e pratico, il materiale, non lo spirituale.

Tuttavia, lo «spirito» di una persona è qualcosa che è valorizzato nella società moderna, perché indica quel che è più profondo e decisivo della sua vita: la passione che l'anima, la sua ispirazione ultima, quel che contagia agli altri, quel che questa persona va ponendo nel mondo.

Lo spirito anima i nostri progetti e impegni, configura il nostro orizzonte di valori e la nostra speranza. Come è il nostro spirito, così sarà la nostra spiritualità. E così sarà anche la nostra religione e la nostra intera vita.

I testi che ci hanno lasciato i primi cristiani ci mostrano che vivono la loro fede in Gesù Cristo come un forte «movimento spirituale». Si sentono abitati dallo Spirito di Gesù. È cristiano solo chi è stato battezzato con questo Spirito. «Chi non ha lo Spirito di Cristo non gli appartiene». Animati da questo Spirito, vivono tutto in maniera nuova.

La prima cosa che cambia radicalmente è la loro esperienza di Dio. Non vivono più con «spirito di schiavi», oppressi dalla paura di Dio, ma con «spirito di figli» che si sentono amati incondizionatamente e senza limiti da un Padre. Lo Spirito di Gesù li fa gridare nel fondo del cuore: Abbà, Padre! Questa esperienza è la prima che tutti dovrebbero trovare nelle comunità di Gesù.

Cambia anche la loro maniera di vivere la religione. Non si sentono più «prigionieri della legge», delle norme e dei precetti, ma liberati dall'amore. Ora sanno quel che è vivere con «uno spirito nuovo», ascoltando la chiamata dell'amore e non con «la lettera vecchia», occupati nel compiere obblighi religiosi. Questo è il clima che tra tutti dobbiamo curare e promuovere nelle comunità cristiane, se vogliamo vivere come Gesù.

Scoprono anche il vero contenuto del culto a Dio. Quel che gradisce il Padre non sono i riti vuoti di amore, ma che viviamo «in spirito e verità». Questa vita vissuta nello spirito di Gesù e nella verità del suo evangelo è per i cristiani il loro autentico «culto spirituale».

Non dobbiamo dimenticare quel che Paolo di Tarso diceva alle sue comunità: «Non spegnete lo Spirito». Una Chiesa spenta, vuota dello spirito di Cristo, non può vivere né comunicare la sua vera Novità. Non può assaporare né contagiare la sua Buona Notizia. Curare la spiritualità cristiana è ravvivare la nostra religione.


  
 
 


 
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